La reforma de la Ley de Salud Mental ya tiene dictamen en el Senado. El texto habilita internaciones involuntarias dispuestas por un solo médico, suma las adicciones, incluida la ludopatía, y mantiene la prohibición de los manicomios.
La firma llegó el jueves 15 de octubre en las comisiones de Salud y de Legislación General, donde a La Libertad Avanza le faltaba una sola adhesión. El dictamen se consensuó con la UCR, el PRO, el Movimiento por Misiones y Moveré Santa Cruz, y el oficialismo quiere llevarlo al recinto la semana próxima.
Para llegar hasta acá, el proyecto que mandó la Casa Rosada tuvo que cambiar bastante. Sin esas modificaciones, los aliados de LLA y los gobiernos provinciales no lo acompañaban. El texto original no tenía votos; este, en cambio, se negoció con las provincias.
Qué cambia
- Internación involuntaria: se permite “ante riesgo grave de daño para la vida o la integridad física propia o de terceros”. En una emergencia la puede disponer un solo médico, aunque no sea psiquiatra.
- Revisión en 48 horas: un equipo interdisciplinario tiene ese plazo para revalidarla, y se habilitan las teleconsultas con psiquiatras.
- La Justicia, informada: la internación se le comunica a un juez, que antes era quien debía resolverla.
- Plan de egreso: será requisito desde el diagnóstico, con aviso anticipado al representante legal, al cónyuge conviviente, a los padres o a los hijos.
- Adicciones: se amplía la cobertura para que la ludopatía pueda tratarse como un problema de salud mental.
- Menores: deberán ser atendidos por equipos con formación infanto-juvenil y internados en lugares separados de los adultos.
- Plata: habrá cooperación económica entre Nación y provincias, y sigue prohibido crear manicomios.
El debate
Desde el oficialismo, Arrascaeta defendió que el proyecto pasó por “más de 70 expositores” y que hubo 16 informes provinciales: “Esta reforma es para dejar de llegar tarde y para que ninguna familia se sienta sola”.
La jefa del bloque libertario, Patricia Bullrich, habló de “un cambio de paradigma para salvar la vida de personas con trastornos severos” y de una mirada “mucho más preventiva” que la del “riesgo inminente que generalmente llega tarde”. El misionero Carlos Arce respaldó el dictamen.
Desde el peronismo, Jorge Capitanich pidió postergar el debate: según él, la reforma “requiere un amplísimo consenso de los gobernadores y los ministros de Salud”, además de financiamiento y recursos humanos para “una problemática compleja”.
Lo que queda por ver es justamente lo que planteó Capitanich: cuánta plata y cuántos profesionales habrá para aplicar la ley en hospitales que ya trabajan al límite.




