El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó esta semana una de sus declaraciones más contundentes sobre Cuba: dijo estar “encantado” de intervenir militarmente en la isla, convirtiéndose en el mandatario que finalmente daría el paso que sus predecesores evitaron durante décadas.
“Otros presidentes han analizado esto durante 50 o 60 años. Y ahora parece que seré yo quien lo haga. Estaría encantado de hacerlo. Los cubanoestadounidenses pueden regresar y ayudar”, dijo Trump ante periodistas en la Casa Blanca. 
Un guion que recuerda a Venezuela
Las palabras de Trump no llegaron en el vacío. La acusación formal contra Raúl Castro, lanzada en mayo de 2026, replica el movimiento legal que precedió al ataque contra Nicolás Maduro, y el USS Nimitz en el Caribe reproduce el despliegue naval que Washington acumuló frente a las costas venezolanas.  Trump, de hecho, ya había adelantado su intención meses antes: en marzo había declarado “Cuba es la siguiente, por cierto”. 
El Departamento de Justicia estadounidense presentó cargos criminales contra Raúl Castro por el derribo de dos avionetas de la organización Hermanos al Rescate en 1996. La acusación, presentada en Miami, incluye cargos por homicidio, conspiración para asesinar ciudadanos estadounidenses y destrucción de aeronaves civiles. Según los fiscales, el entonces ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias autorizó el uso de fuerza letal contra aeronaves desarmadas que operaban sobre aguas internacionales. 
El Mando Sur estadounidense anunció la llegada del portaaviones al Caribe el mismo día de la imputación de Raúl Castro. Oficialmente, el movimiento se enmarca en la operación Southern Seas 2026, descrita como un ejercicio rutinario. 
La presión económica también aprieta
La ofensiva no es solo militar. Mediante acciones militares en Venezuela y amenazas de aranceles a México, Trump ha impedido que el petróleo entre en la isla, paralizando una economía ya lastrada por los propios límites desastrosos del gobierno comunista a la industria privada.  El propio Trump lo reconoció sin eufemismos: “No tienen energía. No tienen dinero. Están en serios problemas”, dijo, explicando por qué cree que el gobierno cubano está desesperado por llegar a un acuerdo. 
Rubio y el Pentágono
El secretario de Estado, Marco Rubio, señaló que la probabilidad de un acuerdo negociado con Cuba es baja por el momento.  En el plano militar, el secretario de Defensa Pete Hegseth convocó una reunión en el Pentágono con el general Francis Donovan, comandante del Mando Sur. Una semana antes del pico retórico más intenso, el director de la CIA, John Ratcliffe, visitó La Habana, aunque el propósito de la visita no fue explicado públicamente. 
La respuesta de Cuba
El presidente cubano Miguel Díaz-Canel salió al cruce por la acusación contra Castro y la definió como una maniobra política sin fundamento legal. Acusó a Estados Unidos de mentir y manipular la historia, asegurando que las aeronaves destruidas pertenecían a la agrupación “narco-terrorista” Hermanos al Rescate. 
Días antes, Díaz-Canel había escalado aún más la retórica: advirtió que cualquier ataque militar de Estados Unidos contra Cuba causaría “un baño de sangre con consecuencias incalculables” y un efecto devastador sobre la paz y la estabilidad en América Latina y el Caribe. 
Según informaciones de Axios, confirmadas por Newsweek, las autoridades de La Habana habrían adquirido al menos 300 drones de ataque de fabricación china y rusa como parte de sus preparativos defensivos. 
El Congreso intenta frenar a Trump, sin éxito
Los senadores demócratas Tim Kaine, Adam Schiff y Rubén Gallego presentaron una Resolución de Poderes de Guerra para bloquear el uso de las Fuerzas Armadas estadounidenses contra Cuba.  Sin embargo, con 51 votos en contra y 47 a favor, el Senado desestimó la resolución el 28 de abril. El voto se mantuvo mayoritariamente entre líneas partidistas: el único demócrata que votó en contra fue John Fetterman, de Pensilvania, mientras que los republicanos Susan Collins y Rand Paul fueron las únicas voces disidentes en su bloque. 
El senador Kaine advirtió que el bloqueo ha generado “una crisis humanitaria” en la isla, con interrupciones en la atención médica, millones de personas sin acceso a agua potable y una fuerte suba en el precio de los alimentos.  Por su parte, el senador Gallego fue más duro con el presidente: “Hizo campaña con ‘Estados Unidos primero’, pero ahora es obvio que se ha convertido en un títere de los belicistas de su partido”. 
La crisis entre Washington y La Habana escala semana a semana, y el mundo observa si la retórica de Trump terminará derivando en una acción concreta o en una nueva ronda de presión sin desenlace militar.




