Donald Trump dejó en pausa la ley de sanciones contra Rusia que él mismo había promulgado hace un mes, apenas días antes de que empezara a regir. La Unión Europea salió a marcar la diferencia: sostiene que las sanciones funcionan y que hay que endurecerlas, no congelarlas.
La exención se formalizó con una orden ejecutiva publicada a última hora del viernes y notificada al Congreso. El argumento de la Casa Blanca fue uno solo: el “interés nacional” de Estados Unidos. Según el documento oficial, la medida queda vigente por tiempo indeterminado, hasta que el propio Trump o sus funcionarios decidan reactivar los castigos.
Qué quedó congelado
La norma lleva el nombre del fallecido senador republicano Lindsey Graham, de Carolina del Sur, su principal impulsor, y había sido aprobada por amplia mayoría en el Congreso a mediados de septiembre. Preveía aranceles de hasta el 100%, en un plazo de 30 días, para todos los productos que llegaran a Estados Unidos desde los cinco mayores compradores de petróleo o gas ruso.
También castigaba a cualquier país que comprara hidrocarburos rusos a sabiendas y apuntaba contra los cinco principales facilitadores que ayudan a Moscú a esquivar el bloqueo comercial y financiero. La suspensión alcanza además a las sanciones contra personas y entidades vinculadas al gobierno ruso y a los aranceles sobre productos rusos.
El contexto ayuda a leer la decisión. Una semana antes, Trump había anunciado un acuerdo con Vladimir Putin para comprarle más de 4,8 millones de toneladas de diésel, con la promesa de bajar el precio internacional de la energía. El cronograma difundido por la Casa Blanca habla de 300.000 toneladas inmediatas, 500.000 en noviembre, un millón “inmediatamente después” y otros tres millones “en un breve plazo”.
La respuesta de Bruselas
Un portavoz de la Comisión Europea recordó este sábado que el bloque ya aportó a Ucrania 230.000 millones de euros y acaba de aprobar la mayor ampliación de su lista de sanciones. “Nuestras sanciones están ejerciendo presión sobre la economía rusa. Pero debemos hacer más”, afirmó.
La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ya había sido tajante el viernes, al cierre de la cumbre de líderes en Bruselas: la UE “no levantará ninguna sanción a menos que Rusia ponga fin a la guerra”. Confirmó además que avanza el paquete número 22. Los jefes de Estado y de Gobierno rechazaron por unanimidad “la decisión de Estados Unidos de levantar temporalmente las sanciones sobre el gasóleo ruso”.
En septiembre, cuando se aprobó la ley, la propia Von der Leyen había celebrado la acción coordinada a ambos lados del Atlántico como una herramienta decisiva para terminar la guerra. Un mes después, esa coordinación quedó en suspenso.
Ruido en Washington y en Kiev
El acuerdo del diésel generó un rechazo poco habitual en Washington: legisladores republicanos y demócratas lo cuestionaron porque le da recursos a Moscú para sostener la guerra y dudaron de que baje los combustibles, que siguen caros en medio del conflicto de Estados Unidos con Irán. La senadora Darline Graham, hermana del legislador fallecido y designada para completar su mandato, defendió la ley: “Le brinda al presidente herramientas que puede usar, si así lo desea, para poner fin a la guerra mediante sanciones económicas”.
Desde Kiev, Volodímir Zelenski autorizó el jueves retomar los ataques contra refinerías rusas tras tres días de tregua y advirtió que las diferencias entre Europa y Estados Unidos favorecen a Putin. En los últimos meses, Trump endureció sus críticas al mandatario ucraniano y llegó a sugerir que Ucrania necesita un nuevo liderazgo. La ley sigue firmada. Lo que no está claro es si alguien piensa aplicarla.




