Mientras el Gobierno porteño se entretiene con anuncios, marketing y fotos de gestión, la realidad de las calles cuenta otra historia: los locales vacíos siguen multiplicándose y la actividad comercial en Buenos Aires continúa en retroceso.
Los últimos datos del Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad (Idecba) son un golpe directo al relato oficial. Durante el primer cuatrimestre de 2026, la tasa de ocupación de locales comerciales cayó al 90%, una baja de 1,6 puntos porcentuales respecto al mismo período del año pasado. Traducido al lenguaje de cualquier vecino: hay más persianas cerradas, más carteles de alquiler y menos comercios trabajando.
El promedio ya alcanza los 2,8 locales vacíos por cuadra en toda la Ciudad, aunque en algunos corredores comerciales la situación es mucho peor. La postal del abandono empieza a convertirse en una marca registrada de una gestión que parece más preocupada por la comunicación que por la economía real.
El sector más castigado fue el de indumentaria, textiles y calzado, que perdió nada menos que 217 locales en apenas un año. Detrás aparecen alimentos y bebidas, con 26 comercios menos. Es decir, ni siquiera los rubros más tradicionales logran escapar al deterioro.
La única excepción fue el sector gastronómico y de alojamiento, que sumó 47 establecimientos. Pero un dato aislado difícilmente alcance para disimular una tendencia general que ya resulta inocultable.
Las comunas 7 y 10 fueron las más golpeadas en materia de indumentaria, mientras que las comunas 4, 5 y 8 concentraron buena parte de los comercios de alimentos y bebidas. Sin embargo, el problema atraviesa a toda la Ciudad: no se trata de un barrio ni de una avenida en particular, sino de un fenómeno extendido que refleja el enfriamiento de la actividad comercial porteña.
La pregunta incómoda es inevitable: ¿qué está haciendo Jorge Macri mientras los comercios cierran? Porque detrás de cada local vacío no hay solamente una persiana baja. Hay inversión perdida, empleo destruido y vecinos que ven cómo los centros comerciales de sus barrios se van apagando.
La Ciudad que alguna vez se vendió como motor económico del país hoy exhibe un paisaje cada vez más parecido a una liquidación permanente. Y las estadísticas oficiales, esta vez, no permiten esconder la realidad detrás de un slogan.




