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El miedo no es Adorni, el miedo es quedarse sin candidato mientras Larreta vuelve al juego

Durante meses, la política porteña se ordenó alrededor de una idea: tarde o temprano, La Libertad Avanza tendría un candidato competitivo para disputar la Ciudad de Buenos Aires. Primero se habló de Patricia Bullrich. Después de Manuel Adorni. Más tarde apareció Pilar Ramírez. Pero a mediados de 2026 la realidad es otra: el oficialismo nacional todavía no tiene un nombre que garantice competitividad electoral en el distrito más importante del país.

La crisis de Manuel Adorni terminó agravando un problema que ya existía. El vocero presidencial era, por lejos, el dirigente libertario con mayor nivel de conocimiento público en la Ciudad. Su desgaste político posterior a la polémica por su declaración jurada dejó un vacío que nadie parece estar en condiciones de llenar.

Patricia Bullrich nunca terminó de convencer al círculo de Karina Milei para encabezar un proyecto porteño. Tampoco ella parecía interesada en quedar confinada a una pelea local cuando su construcción política siempre tuvo aspiraciones nacionales. Por eso, desde hace tiempo, el karinismo trabaja sobre otra figura: Pilar Ramírez.

La presidenta del bloque libertario en la Legislatura se convirtió en la principal armadora política de Karina Milei en la Ciudad y concentra una enorme cuota de poder interno dentro del espacio. Fue la dirigente que desplazó a Ramiro Marra del control partidario y consolidó el dominio del karinismo sobre la estructura porteña.

Sin embargo, la política tiene una regla sencilla: el poder interno no siempre se traduce en votos.

Allí aparece el principal problema. Ramírez es una dirigente influyente dentro de La Libertad Avanza, pero todavía posee niveles de conocimiento público muy inferiores a los que necesita cualquier candidato con aspiraciones reales a gobernar la Ciudad. Incluso dentro del propio oficialismo reconocen que la construcción electoral demandaría años de trabajo territorial y mediático.

En ese contexto cobra relevancia la figura de Darío Wasserman. El actual presidente del Banco Nación, esposo de Pilar Ramírez y dirigente con pasado en el PRO, se transformó en uno de los puentes más importantes entre sectores libertarios, empresariales y macristas. Su crecimiento dentro de la estructura oficialista fue constante hasta convertirse en una pieza relevante del esquema político de Karina Milei.

Por eso los rumores sobre conversaciones entre sectores del PRO y La Libertad Avanza ya no son descartados automáticamente. La hipótesis de una fórmula compartida entre Jorge Macri y una dirigente cercana al karinismo dejó de parecer una fantasía de café para convertirse en una posibilidad que algunos operadores políticos analizan en voz baja.

Detrás de esas conversaciones existe una preocupación mucho más profunda.

El verdadero problema para Mauricio Macri y para Karina Milei no es quién encabeza la próxima boleta. El problema es quién puede aparecer enfrente.

Y allí emerge nuevamente Horacio Rodríguez Larreta.

El exjefe de Gobierno logró sobrevivir a la derrota presidencial de 2023, a la ruptura con el PRO y a los intentos de jubilarlo políticamente. En 2025 construyó su propio espacio, Volvamos Buenos Aires, y volvió a tener representación política propia en la Ciudad.

Además, Larreta conserva algo que escasea en la política argentina actual: altos niveles de conocimiento, experiencia de gestión y una identidad claramente asociada a la administración de la Ciudad.

Por eso los rumores sobre conversaciones con sectores del peronismo porteño encabezados por Juan Manuel Olmos generan atención tanto en el PRO como en La Libertad Avanza. Nadie sabe si ese entendimiento terminará concretándose. Lo que sí saben es que una eventual convergencia entre el larretismo, sectores moderados del peronismo y parte del radicalismo podría alterar completamente el tablero electoral.

La paradoja es evidente.

Mientras el macrismo y los libertarios discuten cómo construir un candidato, Larreta trabaja para construir una coalición.

Y en política, muchas veces las coaliciones terminan siendo más importantes que los candidatos.

Por eso la gran pregunta que hoy recorre despachos oficiales, legislaturas y oficinas partidarias no es quién reemplaza a Adorni. La verdadera pregunta es si Mauricio Macri y Karina Milei llegarán a tiempo para ordenar su propio frente antes de que Horacio Rodríguez Larreta logre ordenar el suyo.

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