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Larreta quiere romper el peronismo porteño con el anzuelo de ganar el ballotage

La feroz interna entre el PRO y La Libertad Avanza por el control político de la Ciudad de Buenos Aires empieza a dejar una conclusión cada vez más evidente: mientras ambos espacios se desgastan en peleas de poder, internas y operaciones cruzadas, la figura de Horacio Rodríguez Larreta vuelve a ganar centralidad como uno de los pocos dirigentes con experiencia real de gestión y conocimiento profundo de la Ciudad.

La reunión encabezada por Karina Milei en la sede de La Libertad Avanza dejó expuesta la crisis política que atraviesan tanto el oficialismo nacional como el PRO porteño. El encuentro mostró un escenario dominado por tensiones internas, disputas personales y una estrategia política basada más en la confrontación que en propuestas concretas para los vecinos.

La decisión de colocar a Patricia Bullrich como principal figura libertaria para disputar la Ciudad, mientras se marginó completamente a Manuel Adorni, confirmó además el nivel de improvisación y desgaste interno dentro del espacio libertario.

En paralelo, el gobierno de Jorge Macri enfrenta crecientes cuestionamientos por una gestión que no logra consolidarse. La inseguridad, el deterioro urbano, los problemas de tránsito y el aumento del malestar vecinal empezaron a erosionar rápidamente la imagen de una administración que prometía continuidad y terminó mostrando falta de rumbo político.

En ese contexto, Larreta comienza a reaparecer como una figura de equilibrio y gestión frente a un escenario político cada vez más caótico. Muchos sectores de la Ciudad observan que, más allá de las diferencias políticas, durante su gestión Buenos Aires mantuvo previsibilidad administrativa, planificación urbana y capacidad de ejecución, algo que hoy aparece mucho más debilitado tanto en el PRO actual como en La Libertad Avanza.

Mientras Jorge Macri y los libertarios profundizan una pelea centrada en candidaturas, encuestas y posicionamientos electorales, Larreta apuesta a reconstruir un perfil más vinculado a la gestión, el diálogo y la moderación política, características que parte del electorado porteño comienza nuevamente a valorar frente al clima permanente de confrontación.

La crisis entre el PRO y La Libertad Avanza también deja al descubierto la fragilidad de una alianza que siempre estuvo sostenida por conveniencia electoral más que por coincidencias profundas de gobierno. Hoy ambos espacios se disputan el mismo electorado mientras se responsabilizan mutuamente por errores de gestión, derrotas políticas y pérdida de apoyo social.

En medio de esa fragmentación, Larreta aparece como uno de los pocos dirigentes con estructura territorial, experiencia ejecutiva y conocimiento técnico suficiente para volver a posicionarse competitivamente en la Ciudad.

La pelea por el control porteño ya no es solamente una disputa entre macristas y libertarios. También empieza a convertirse en una discusión sobre qué modelo de gestión quieren los porteños: uno dominado por internas permanentes y confrontación política, o uno más enfocado en planificación, administración y capacidad de gestión.

Y en esa comparación, muchos dentro y fuera de la política empiezan nuevamente a mirar hacia Horacio Rodríguez Larreta.

 

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