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CABA Que comience el Juego

La política porteña ya empezó a jugar el partido de 2027, aunque falten meses de gestión, un Mundial y varias crisis por atravesar. Y como suele ocurrir en la Ciudad, la discusión gira menos sobre los problemas cotidianos y más sobre quién ocupará el despacho principal de Uspallata dentro de dos años.

En ese contexto, Patricia Bullrich parece haber decidido que las veredas rotas, los contenedores desbordados y las inspecciones de la VTV no están exactamente a la altura de sus aspiraciones. En los pasillos políticos circula una interpretación cada vez más extendida: la ministra y senadora ya no estaría interesada en pelear por la Jefatura de Gobierno. Nadie se anima a decirlo oficialmente, pero tampoco nadie la imagina discutiendo el mantenimiento de las plazas de Barracas o los baches de Villa Urquiza.

La consecuencia es inmediata. Con la dirigente libertaria mejor posicionada fuera de la carrera porteña, el resto de los espacios empezó a recalcular rutas, alianzas y candidaturas.

Dentro de La Libertad Avanza ya trabajan para instalar a Pilar Ramírez como referencia electoral de Karina Milei en la Ciudad. La estrategia es simple: construir una candidata propia mientras observan si el desgaste económico del Gobierno les permite competir solos o si deberán recurrir a una alianza con el PRO para evitar sorpresas.

En ese escenario aparece Jorge Macri, un jefe de Gobierno que todavía intenta demostrar que conduce la Ciudad y no solamente la administra. Algunos sectores del radicalismo observan con preocupación su creciente acercamiento al discurso libertario, convencidos de que esa estrategia podría alejar a los votantes moderados que históricamente definieron elecciones en territorio porteño, suenan muchas voces diciendo Jorge se puso a la derecha de Milei, lo cual radicaliza aun mas el discurso.

Y mientras todos discuten alianzas, fórmulas y encuestas, hay un nombre que vuelve a colarse silenciosamente en las conversaciones: Horacio Rodríguez Larreta.

Después de haber sido expulsado de hecho del ecosistema PRO, Larreta parece apostar a la paciencia. Sin estructura partidaria dominante ni aparato propio comparable al que tuvo durante años, trabaja en reconstruir una identidad política diferenciada. Su mensaje es cada vez más claro: gestión, planificación y obras frente a una política que vive atrapada entre las peleas internas y las guerras de redes sociales.

Paradójicamente, cuanto más se fragmentan el PRO y La Libertad Avanza, más espacio encuentra Larreta para presentarse como una alternativa de centro y experiencia de gestión. Quienes lo rodean creen que el deterioro de la administración porteña y las disputas permanentes entre libertarios pueden terminar generando una oportunidad inesperada para quien supo gobernar la Ciudad durante ocho años.

Por ahora, nadie sabe cómo terminarán de acomodarse las piezas. Jorge Macri analiza estrategias electorales para fortalecerse, los libertarios debaten entre competir solos o asociados y el radicalismo sigue buscando una identidad que no encuentra. Larreta, mientras tanto, juega otro partido: esperar que sus rivales sigan peleándose mientras él vuelve a vender aquello que mejor sabe ofrecer, la idea de una Ciudad que funcione.

En la Buenos Aires política de 2027, puede que la sorpresa no sea quién aparece por primera vez en la foto. Puede ser quién logra volver después de que todos lo habían dado por terminado.

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