La relación entre el PRO y el gobierno de Javier Milei atraviesa uno de sus momentos más tensos, en medio de una disputa política que expone contradicciones, oportunismo y una creciente crisis de liderazgo dentro de ambos espacios.
Las recientes declaraciones de Cristian Ritondo, rechazando las críticas lanzadas desde el entorno presidencial contra el PRO, dejaron en evidencia el nivel de deterioro de una alianza que hasta hace pocos meses parecía consolidarse como el nuevo bloque de poder de la derecha argentina.
“Alguien le hace mal el libreto”, disparó Ritondo luego de que sectores cercanos a Milei cuestionaran duramente al macrismo por supuestas especulaciones políticas y falta de apoyo incondicional al Gobierno nacional. Pero detrás del cruce verbal aparece un problema mucho más profundo: la disputa por el liderazgo opositor y el control del electorado antiperonista.
El PRO enfrenta hoy una crisis política evidente. Después de haber quedado subordinado electoralmente al fenómeno libertario, el partido que fundó Mauricio Macri intenta sobrevivir entre contradicciones permanentes. Por un lado acompaña gran parte del ajuste impulsado por Milei en el Congreso; por otro, busca despegarse del costo social y económico que empieza a generar el programa libertario.
La estrategia comenzó a mostrar fuertes límites. Mientras el gobierno nacional profundiza el ajuste, caen el consumo, la actividad económica y el empleo, y crece el malestar social en distintos sectores que inicialmente habían acompañado el cambio político prometido por Milei.
En ese contexto, el PRO intenta reposicionarse como una fuerza “responsable” y moderada, aunque muchos dirigentes libertarios lo acusan directamente de especular políticamente mientras intenta conservar cuotas de poder territorial, especialmente en la Ciudad y la provincia de Buenos Aires.
La tensión también refleja el temor creciente dentro del macrismo a ser absorbido definitivamente por La Libertad Avanza. Muchos dirigentes del PRO observan cómo Milei avanza sobre su electorado histórico, captando votantes que durante años apoyaron al macrismo bajo las banderas de reducción del Estado, seguridad y baja de impuestos.
Pero el gobierno libertario tampoco atraviesa un momento cómodo. A pesar del fuerte respaldo mediático y del control de la agenda política, la administración nacional comienza a enfrentar desgaste producto de la recesión económica, la conflictividad social y las dificultades para transformar el ajuste en mejoras concretas para la población.
El discurso agresivo permanente, las internas públicas y la confrontación constante con gobernadores, sindicatos, periodistas y aliados políticos empiezan además a generar tensiones incluso dentro del propio oficialismo.
En paralelo, el PRO aparece atrapado en una posición incómoda: necesita sostener a Milei para evitar un regreso del peronismo, pero al mismo tiempo intenta diferenciarse para no quedar arrastrado por el desgaste económico y social del Gobierno nacional.
La frase de Ritondo terminó funcionando así como un síntoma de una alianza cada vez más frágil. Detrás de los cruces mediáticos ya no sólo hay discusiones discursivas: hay una pelea abierta por poder, liderazgo y supervivencia política dentro de una derecha argentina cada vez más fragmentada y tensionada.




