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Jorge Macri mantiene su ofensiva 2026 para mantener el bastión

La obsesión del PRO por conservar la Ciudad de Buenos Aires parece haberse convertido en el único horizonte político de Jorge Macri, aun cuando la gestión porteña muestra señales cada vez más evidentes de desgaste, improvisación y pérdida de apoyo social.

Lejos de enfocarse en resolver los problemas cotidianos que afectan a millones de vecinos —inseguridad, deterioro urbano, presión impositiva, personas en situación de calle y colapso del tránsito— el oficialismo porteño ya se encuentra completamente concentrado en la batalla electoral de 2026 y en cómo evitar que el PRO pierda su histórico bastión político.

Dentro del macrismo reconocen que el escenario cambió drásticamente. La irrupción de Javier Milei y el crecimiento de La Libertad Avanza en territorio porteño encendieron todas las alarmas en un espacio político que durante más de 15 años gobernó la Ciudad prácticamente sin oposición real. Hoy, por primera vez en mucho tiempo, el PRO aparece vulnerable en el distrito que supo utilizar como plataforma nacional de poder.

La preocupación central de Jorge Macri ya no parece ser gestionar, sino sobrevivir políticamente. Por eso el gobierno porteño viene desplegando una estrategia de endurecimiento discursivo, sobreexposición mediática y operativos de alto impacto para intentar recuperar centralidad frente al avance libertario.

Sin embargo, la realidad cotidiana golpea ese relato. Mientras el oficialismo habla de “defender el modelo de Ciudad”, crece el malestar entre vecinos por el abandono de espacios públicos, el aumento de hechos delictivos y la sensación de que Buenos Aires perdió parte del orden y la eficiencia que el PRO utilizó durante años como bandera política.

La administración de Jorge Macri además enfrenta otro problema profundo: el agotamiento de un modelo político que lleva casi dos décadas gobernando la Capital. Muchos porteños empiezan a percibir que el PRO ya no representa renovación ni gestión moderna, sino una estructura de poder cada vez más burocrática, desconectada y enfocada prioritariamente en conservar privilegios políticos.

La interna dentro del oficialismo también expone esa crisis. El macrismo atraviesa tensiones permanentes entre sectores vinculados a Mauricio Macri, dirigentes cercanos a Horacio Rodríguez Larreta y funcionarios alineados con Jorge Macri, en medio de una disputa silenciosa por el futuro liderazgo del espacio.

En paralelo, La Libertad Avanza avanza sobre el electorado históricamente antiperonista de la Ciudad, captando votantes desencantados con el PRO y cuestionando abiertamente lo que consideran un aparato político agotado y acomodado al poder.

La respuesta del gobierno porteño fue profundizar una lógica defensiva: más marketing, más anuncios, más operativos y más confrontación discursiva. Pero incluso dentro del propio oficialismo reconocen que el problema es más profundo y que el desgaste de gestión ya comenzó a impactar en la imagen pública de Jorge Macri.

El desafío para el PRO no es solamente electoral. Después de años presentándose como ejemplo de eficiencia y administración profesional, la Ciudad atraviesa hoy problemas estructurales que el macrismo no logra resolver y que ponen en duda el relato histórico de “buena gestión” construido desde 2007.

Por eso, detrás de la ofensiva política lanzada por Jorge Macri para sostener el bastión porteño, empieza a aparecer una preocupación mucho más seria: la posibilidad concreta de que el PRO esté entrando en el inicio de su declive político dentro de la propia Ciudad que lo vio nacer.

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